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Momento crucial en el sector del transporte

Estamos ante un punto de inflexión en el sector del transporte de mercancías. Para bien o para mal, se han dado en los últimos años circunstancias que han cambiado las reglas del juego y que han traído lo que se espera que sean los primeros de muchos cambios.

Lo primero fue la pandemia, la cual, aunque ya se arrastraban de antes situaciones adversas para el sector, sirvió para dejar en evidencia, ante todos, las debilidades del transporte por carretera y su importancia dentro de la cadena de suministro de cualquier actividad. Después, la crisis de componentes encareció no solo el precio de reparación de unidades, sino también el comprar un camión nuevo o usado. Esto se intensificó con la guerra de Ucrania y se sumó un incremento en los combustibles. Todo en un contexto de inflación mundial y en un sector altamente vulnerable.

El sector del transporte de mercancías es visto por muchos como un gasto necesario que había que hay que reducir al mínimo más que como un servicio que aporta valor al producto y ofrece seguridad. Así que muchas empresas lo tuvieron complicado para aumentar sus tarifas frente a la creciente inflación.

Para hacer frente a esto, las recientes leyes ahora dan un soporte legal a las empresas para un funcionamiento más óptimo y sostenible. Ya no se puede presionar a una compañía de transporte para que involucre a su conductor de tareas de carga y descarga de mercancía. Tampoco se puede pagar a dichas empresas por debajo de los costes de producción. Ahora hay una ley que ampara al transporte y da un soporte para exigir lo justo y la otra parte se expone a sufrir una sanción si no cumple con lo establecido.

La Ley de Cadena de Transportes busca abogar por la salud, sostenibilidad y viabilidad de todo el sector en el largo plazo. Aunque, por supuesto, aquí las cosas tienen más controversia. Fue una ley que llevó mucho trabajo y negociación entre las partes, y al final no se logró todo lo deseado para cumplir con un plazo. Hay más sombras. Sin embargo, es un comienzo y da un soporte que antes no existía.

Entre los pendientes está la regulación de intermediarios, ya que estos tienen un peso en el coste del servicio y muchas veces sus servicios son de poco valor añadido.

Así mismo, ahora también la responsabilidad cae en las empresas y trabajadores del sector. Los vicios y costumbres son complicados de cambiar. Tiene que hacer valer su posición ahora respaldada por ley y trabajar en optimizar sus costes y procesos para ser cada vez más rentables, sostenibles y gozar de un entorno de trabajo y negocios mucho más saludable.

Redacción transportesostenible.com

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